La última ‘mascletà’ de las Fallas se celebró pese a la orden de Sanidad de suspender actos masivos

La Generalitat argumenta que el Ministerio defendía públicamente su celebración en contra de lo dicho en el Consejo Interterritorial

Una persona con mascarilla en una de las útimas 'mascletás'  este...

Una persona con mascarilla en una de las útimas ‘mascletás’ este año en Valencia.
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    Salvador Illa dio carta libre a las autonomías un día después del 8-M para suspender actos masivos

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El martes 10 de marzo, ya bien entrada la noche, el presidente de la Generalitat Valenciana, el socialista Ximo Puig, comparecía ante los medios para anunciar definitivamente la cancelación de las Fallas de 2020. Lo hacía con rostro serio, rodeado por buena parte de su Ejecutivo y tras días especulándose sobre cuándo se produciría esta decisión ante el evidente avance del coronavirus. Aquella noche se habló de que la «prioridad absoluta era proteger la salud de la ciudadanía y minimizar riesgos de contagio», a pesar de que horas antes se había celebrado, como cada día desde el 1 de marzo, la tradicional ‘mascletà’ en la plaza del Ayuntamiento que junta a miles de personas.

Sin embargo, según las actas del Consejo Interterritorial de Sanidad a las que ha tenido acceso EL MUNDO, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ya había pedido a las comunidades autónomas el 9 de marzo suspender cualquier evento, manifestación o acto masivo por la Covid-19. Aun así, se mantuvo para el día siguiente la celebración del tradicional espectáculo pirotécnico en Valencia, si bien ese día la afluencia de gente ya comenzaba a resentirse.

La pregunta entonces es por qué el Gobierno valenciano tardó aún en poner fin a una fiesta multitudinaria, cuando ya tenía la orden expresa del Ministerio de Sanidad de evitar por todos los medios las aglomeraciones. Según las citadas actas de la reunión, el ministro Illa advirtió de que los «eventos que comporten un gran movimiento de población se valorarán caso a caso y serán objeto de resolución por parte de la comunidad autónoma donde se celebren».

Fuentes de la Conselleria de Sanidad señalan ahora que aquella orden del Ministerio era una mera «recomendación». Es más, se argumenta que la Comunidad Valenciana fue la primera en suspender formalmente en España este tipo de eventos. Y se pone como ejemplo la Semana Santa de Andalucía, que ni se contemplaba entonces anularla.

Desde Presidencia se justifica, además, que nadie en Valencia quería en aquel momento suspender las Fallas, cuyo impacto económico se estima en 700 millones de euros. Por ello, las presiones por parte de los colectivos falleros y hasta de los empresarios fueron generalizadas e intensas. También el propio Ayuntamiento de Valencia se resistió hasta el último momento.

En aquel momento, tomar esa decisión de suspender las Fallas -que además atraen a Valencia a miles de turistas nacionales e internacionales- fue «muy difícil», según las fuentes consultadas. No se entendía y se consideraba que era precipitada. Se insiste en que al final fue el propio Ximo Puig el que tuvo que tomar la decisión, pues públicamente el día 9 Illa descartaba todavía -en una entrevista en la Cadena Cope- actuar en concreto contra las Fallas.

Así que una y otra vez las declaraciones públicas de los dirigentes valencianos al ser preguntados al respecto en los días previos se centraban en pasar la patata caliente al Ministerio. Es decir, lo que se decidiese se haría cumpliendo las instrucciones del Gobierno central. Y así se hizo finalmente, aunque la resistencia a adoptar una medida histórica provocó que la reunión extraordinaria del Consell aquella tarde del 10 de marzo se alargase durante horas.

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